III
La pesada llovizna resbala contra mis vísceras
como yo resbalo contra mi corazón piedra agujero
estúpido
harto estoy de estas calles donde nadie respeta
las señales
de esta ciudad
que nos pierde.
Debería comprar un boleto a Donostia
y volver a mirarme
perdido entre los muelles
perdido entre los rostros desconocidos
de mi rostro.
No se puede andar todo el tiempo
corriéndose de los lugares que más duelen
Hay que luchar- me dijo-
Hay que pintar carteles con sus nombres
y devolver lo que es
adonde corresponde
Es muy posible
que este resabio mío se me haya desdoblado
que yo no sea acá sino en los otros
que ya no son
o aquellos que todavía creen
y ande yo
buscándome
buscándolos
como si encontrar
fuera realmente un verbo necesario
imprescindible
para seguir.
De: "Aspaldiko", (Edit. Univ. de La Plata, 2002).